(No, nata no...)
He olvidado el cuento de la argentina y eso me dice que quizá es hora de que mis instintos o más bien mis intuiciones comiencen a fallar. Bastante más al norte de la Argentina -Ni por todo el té de China, ni aunque te cante esta canción y recorra la Argentina o te de mi corazón...y aunque escriba para vos mil canciones más de amor, ya no sé qué puedo hacer- se me ha condenado. (¿Por qué no haces caso a Stuart Mill y me deseas un poco de felicidad?). Me di cuenta de ello ayer y bajo el agua caliente de la ducha susurré casi en voz alta, casi con lágrimas (¿o eran gotas de agua...?)...
I pray every night.
I was never scared before.
I wonder where the dark
keeps you awake for someone new.
Tinc el cor trencat i des d'on siguis trepitges els trossets que han quedat. Me has atado una bomba de relojería al cuerpo, ¿recuerdas cuando reíamos de aquel verso del Cementerio de automóviles...? -Cuando me miras, trenes eléctricos recorren mi entrepierna...- Me has dejado una pistola con una sola bala en la mesilla de noche, un virus latente por dentro. (Y no te culpo). Creo que el cuento decía algo de una fresa en los labios al despertar..."todos se irán a dormir con una fresa en los labios para nosequé de un beso..."
El timbre suena: es el cartero, dice que a mi también van a traerme una cabeza de Dionisio, el dios de los instintos...
(lo hago...)
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